GALGOS. PORQUE LOS CHICOS TAMBIÉN MERECEN UNA OPORTUNIDAD.

Los galgueros prefieren a los galgos hembras porque, según dicen, ellas "son más "agresivas" y competitivas corriendo que los machos". Ello les lleva a tener más hembras que machos (lo que hacen con los galgos machos que no quieren es una pregunta que queda en el aire...).

Por otra parte, los adoptantes y las acogidas también suelen preferir a las hembras porque, según dicen, ellas son más "tranquilas" que los machos y "menos dominantes", por lo que piensan se adaptarán mejor y les darán menos "problemas" que los galgos machos.



En realidad, la situación es la contraria, puesto que, dentro de que esta raza suele ser muy tranquila, noble, dulce y sociable con otros perros, el galgo macho suele, por lo general, ser más tranquilo y "buenazo" que la hembra, siendo ella más dominante por lo general. De hecho, el individuo "alfa" en una manada de galgos suele ser una hembra.

Lamentablemente, al parecer, este estado de cosas lleva a algunas asociaciones que rescatan a estos perros a centrarse también más en las hembras, puesto que son las que más oportunidades tendrán de salir acogidas y/o adoptadas, llegando incluso algunas de ellas a verse "obligadas" a no aceptar a algunos galgos necesitados por el hecho de ser machos.

Si, además, el color del galgo macho es el negro, todo esto se acentúa aún más, puesto que, incomprensiblemente, los galgos (y cualquier otro perro o gato) de ese color gozan de menos simpatías entre los adoptantes que los animales con capas de otros tonos.

Pero entonces... ¿Qué pasa con los galgos machos? ¿Quién les da una oportunidad a ellos?

Por desgracia, todo lo mencionado hace que - al igual que sucede con otras razas de perros y con los gatos -, se queden atrás en las protectoras y en las perreras, siendo, en la mayoría de ocasiones, los últimos en ser acogidos o adoptados y los primeros en ser sacrificados, llegado el caso.

Quienes defendemos y tratamos de ayudar a los animales no podemos evitar lo que hacen los galgueros con sus galgos, lamentablemente (aunque sí podemos denunciarlo, darlo a conocer a la opinión pública y exigir a nuestros gobernantes un mayor y efectivo control sobre lo que los galgueros hacen con sus perros e, incluso, pedir el fin de la caza con galgo y también la caza con cualquier otra raza de perro, dada la ingente cantidad de perros desechados a consecuencia de la "criba" que esta actividad impone sobre los perros que utiliza).

Sin embargo, sí podemos decidir no hacer diferencias de este tipo entre los machos y las hembras a la hora de acoger, adoptar, donar, difundir, etc.

Los "chicos" también merecen una oportunidad y (palabra de adoptante de galgo macho), os aseguro que son un verdadero REGALO de la vida (al menos, así lo es para mí, y para los adoptantes de galgos machos que conozco y he conocido, sin excepción).

Eva Concejal

EL NOSOTRXS YA ES ANIMAL

Los antropólogos y las antropólogas nos mostraron qué es el etnocentrismo. Así, comprendimos que la visión de la existencia que la comunidad en la que vivimos nos proporciona no es la verdad, al menos la única verdad, y que existen tantas perspectivas como comunidades humanas. Pero ya es necesario un paso más. No es simplemente que compartamos el universal humano (sin dejar de pensar la diversidad humana), compartimos fundamentalmente un universo animal (con su diversidad animal), que debe ser reconocido a la hora de comprender el mundo que habitamos y construir una ética que incluya a todos los habitantes de ese mundo. Existen ya no solo diversas formas humanas, sino y sobre todo, diversas formas animales de habitar, y los seres humanos somos habitantes inmersos en esa animalidad, tanto desde un punto de vista individual (somos organismos animales), como relacional (los habitantes, quienes habitan, quienes tienen la capacidad de intervenir, de intención, de relación, no es exclusiva de los animales humanos; la capacidad de agencia para habitar desde la existencia propia se encuentra en la animalidad, en la interanimalidad, de la que lxs humanxs forman parte).



En este sentido, de la misma manera que fue superado el prejuicio que impedía la comunicación entre seres humanos -por ser excluidos de la consideración de personas los oprimidos (indios, negros) por los opresores (blancos)- de la misma manera que comprendimos que existían canales de comunicación entre seres humanos que había que explorar, debemos asumir que también es imprescindible indagar en la comunicación con personas de otras especies. Esta comunicación existe, ¿o no nos comunicamos con las ovejas para que se comporten de una determinada manera? ¿No nos comunicamos con los caballos para que realicen trabajos forzados? ¿No nos comunicamos con los cerdos cuando los obligamos a los camiones de la muerte? ¿No nos comunicamos con los perros y los gatos que viven con nosotras y nosotros? ¿No existe acaso la comunicación interespecífica?

Existe. Sin embargo, con lo que hoy sabemos, es necesario cambiar los valores desde los que desarrollamos esa comunicación, desterrando la violencia y la dominación por un esfuerzo de comprensión y solidaridad. Para continuar con la idea de un mundo igualitario es imprescindible habitar el que vivimos desde el reconocimiento por el interés que otros habitantes también tienen por habitar un mundo que también es el suyo.

Hay una realidad que para la mayoría resulta insoportable; que el nosotrxs ya no es humano. Es animal.

Enrique Nafría

LA DESGRACIA DE NACER HERRAMIENTA



De todas las razas de perros, hay una cuya triste realidad vital resulta desoladoramente conmovedora: el galgo. En España, un elevadísimo número de galgos son abandonados o sacrificados al año y la razón es tan sencilla como cruel: mientras que con otros miembros de su especie la convivencia con su cuidador propicia un fuerte vínculo emocional, la existencia del galgo es concebida desde su nacimiento como una mera herramienta, un objeto. El galgo no se cría ni se adopta con el fin de formar parte de nuestro ámbito familiar. Se le cría exclusivamente para ser usado, principalmente en el entorno de la caza. La vida “útil” de un galgo en ese ámbito es de dos años. Durante ese tiempo se les mantiene confinados en zulos inhabitables, se les alimenta de forma precaria, se les entrena para correr atándolos a vehículos a motor y se los encierra hasta que llega la temporada de caza como quien guarda una azada en un trastero hasta que se necesita echar mano de ella. Pasados esos dos años y cuando el animal se vuelve mas lento, más perezoso, más torpe, en definitiva, cuando deja de rendir beneficios, pasa a convertirse en un “objeto” tan inútil como puede serlo una podadora estropeada o un coche que ya no funciona. Se convierte en “inservible”. Y se hace con ellos lo mismo que con los útiles estropeados o que ya no sirven: se deshace uno de ellos y se procura uno nuevo que funcione bien. Es más rentable criar una camada de nuevos galgos que mantener a los que ya han dejado de cumplir el cometido que se les exige. ¿Suena cruel tratándose de seres vivos? Lo es. ¿Creen que exagero? Es sencillo hacer la prueba. Paseen por todos los criaderos de galgo que quieran y comprueben con sus propios ojos cuantos galgos mayores de dos años ocupan un lugar allí. Pero esa concepción fría y calculadora acerca de la existencia de un ser vivo alcanza la máxima expresión de horror y vileza cuando uno conoce las atroces formas empleadas para deshacerse de esas viejas “herramientas”. Apelando a una brutal tradición –“Un galgo viejo no vale el precio de una bala” suele decirse- se les cuelga de los árboles dejando que sus patas traseras rocen el suelo para que la agonía del animal sea más larga, se les arroja a pozos para que se ahoguen, se les apalea hasta la muerte, se les prende fuego o simplemente se les abandona a su suerte aprovechando que no disponen de chip identificador, producto de la ausencia de control en la cría de las camadas. Hay quien se pregunta por qué los criadores de galgos no actúan de forma más “clemente” entregando a la perrera a los animales que ya no les son útiles. La respuesta vuelve a ser tan sencilla como inhumana: la rotación de ejemplares por temporada en un criadero suele ser de unos quince galgos. La entrega de quince galgos al año a una perrera despertaría demasiados recelos y quizá hubiese que dar demasiadas explicaciones. Es más cómodo y menos complicado deshacerse de ellos por métodos expeditivos y tirarlos al vertedero como quien se deshace de una lavadora vieja. Hasta ese punto son considerados “objetos”.

Por fortuna, la concienciación hacia este tipo de crueles prácticas hace que, poco a poco, la situación de esa raza vaya cambiando. Cada vez son más personas las que descubren que son animales dóciles, nobles, tranquilos y extremadamente fieles y los adoptan como miembros de su familia. Aun así, su realidad vital sigue siendo extremadamente dura y comprometida. Y lo seguirá siendo en lo que no se promuevan leyes que castiguen de forma severa estas prácticas inhumanas. Medidas que impulsen de forma férrea el control de la cría de galgos, la erradicación de la crianza indiscriminada y la obligatoriedad de identificar con chip a todos los animales nacidos de una camada. Si quieres aportar tu granito de arena con esta causa, difunde esta información. Conciencia a las personas que conozcas de la triste y oscura realidad de estos animales y participa en todas las iniciativas que lleguen a tus oídos para erradicar estas crueles prácticas. Ellos te lo agradecerán.

Pedro de Paz

NOELIO

Con solo 2 años a Noelio le encontraron abandonado con una pata destrozada por un disparo. Le pegaron un tiro que le destrozó la pata delantera y le hizo una herida en la trasera. Como siempre, los cazadores.


Lo recogieron unas personas para llevarlo a un veterinario que le colocó la pata sin operación; ni anestesia ni nada. Lo acabó salvando la asociación El Refugio de las Brujas, quienes se pusieron en contacto conmigo con la intención de que Noelio estuviera en una casa porque se hallaba a la espera de una operación. Por supuesto que acepté ser su hogar de acogida y ayudar en todo lo que pudiera.

Siempre he tenido perrxs de acogida - han pasado muchos animales por casa-, pero con Noelio algo hizo tilín entre nosotras. Es un ser maravilloso: compañero, divertido, aventurero... pero sobre todo un valiente, un superviviente que nos dá lecciones de vida a muchas personas, porque quien le conoce no puede resistirse a su manera de ser.

Así fue como lo adoptamos, junto a las pequeñas de la familia, Lili y Loli. Luego operamos su pata. Una recuperación muy dura, pero entre todas salimos adelante y le dimos la fuerza que necesitaba.
Hoy Noelio disfruta de su vida como cualquiera de nosotras: ver un atardecer o el olor al mar…

Aprovecho para recordar la importancia de constituirse en casa de acogida. Muchas personas creen que esa fórmula significa acabar adoptando al animal. Con éste pensamiento dejamos de ayudar a muchas criaturas que nos necesitan. Hay seres especiales con los que conectamos y es allí cuando terminan en nuestro hogar de modo definitivo. Mientras tanto colaboramos con la cadena solidaria que se arma cuando hay un animal en peligro para sacarle de esa mala situación. ¡Acoge! Nos necesitan.

RACISMO Y ESPECISMO. DOS RAMAS DE UN MISMO ARBOL.

Desde el siglo XVI y durante más de 200 años los conquistadores europeos importaron millones de esclavos africanos para que trabajasen en las plantaciones y minas americanas.

El beneficio económico se disparaba si se disponía de mano de obra prácticamente gratis, un poco de comida y un chabolo eran suficientes. Pero esto había que justificarlo a la sociedad, salvo en la tonalidad de la piel, eran iguales a los amos blancos.


En una sociedad aún fuertemente adoctrinada por la Iglesia, se recurrió a la Biblía para que todos aceptaran esa opresión como éticamente correcta, pero también a la ciencia, donde científicos y biólogos al servicio de los terratenientes sacaban artículos sesgados que decían que los negros eran menos inteligentes, más promiscuos y sin moral, es decir, bestias salvajes que en cualquier momento se podían comer a tus hijos.

Todo esto inhabilitaba cualquier principio de culpa o empatía, hasta el punto de normalizar en la sociedad de la época que los blancos, principalmente los ricos, eran los únicos merecedores de poder desarrollar en libertad sus intereses.

Nacieron o se afianzaron decenas de expresiones discriminatorias que todavía existen actualmente, "trabajar como un negro", "noche negra", "vérselas negras", etc. Los padres o en la escuela educaban a sus hijos con historias de "negros malignos" que habían cometido actos crueles, se inventaban relatos de tribus que se comían a sus hijos o rituales demoniacos. Así generación tras generación la discriminación continuaba y el sufrimiento y dolor de los esclavos se acrecentaba.

Es cierto que no todos los esclavos eran tratados igual, algunos amos "bienestaristas" los trataban mejor; apenas los azotaban, les dejaban vivir con sus familias, no violaban a las mujeres y hasta a alguno se le permitía leer. Todo esto mientras el esclavo fuera bueno y no se sublevara y trabajase de sol a sol.

También era común deshacerse de los que ya no servían para el duro trabajo, los accidentes se sucedían, extremidades amputadas, enfermedades crónicas. En el momento que el médico los declaraba inservibles, eran sacrificados, con humanidad decían.


No podemos decir que las personas que componían esta sociedad eran "malas", simplemente se dejaban llevar por la indiferencia hacia el esclavo avalada por la educación que recibían.

La esclavitud humana aún hoy existe, pero al menos la mayor parte de la sociedad la rechaza, al menos en teoría y aunque no haga nada para evitarlo. Desgraciadamente existen otro tipo de opresiones y esclavos, los animales no humanos.

Los usamos a nuestra conveniencia, lucrándonos con su esfuerzo o su vida. Nos educan para aceptar esto como normal, ya sea desde la cultura, la salud, la religión o la ciencia. Ni en la escuela ni la tv nos cuentan la crueldad y la ilógica de la relación de amo y esclavo, sus vidas nos dicen que no valen, que los animales humanos somos mejores, aunque el razonamiento no lo justifique los animales no humanos solo son cosas.

El futuro juzgará nuestros actos de hoy, esos que a priori no nos convierten en malas personas, pero provocan el sufrimiento y el asesinato de miles de millones de animales anualmente.

Lo duro de aceptar para los que hemos ensanchado nuestra visión del mundo, es que salvo para unos pocos que dependen económicamente de los esclavos, como dependían los terratenientes de America, empujar a la sociedad a que cambie es tan sencillo como dejar de participar, de ser cómplice y abstenerse de consumir productos que provengan del esfuerzo y la vida de los animales no humanos.

Sergio Marqués
Plataforma NAC

LOS CAZADORES SOMOS TODOS

I
Los cazadores somos todos
si escuchas un disparo, cierras los ojos y sigues caminando.

Los cazadores somos todos
si, encallado en la ciudad, no has visitado el campo en muchos meses. O el mar.

Los cazadores somos todos
si esperas que este mundo lo arreglen otros que no seas tú.

Los cazadores somos todos
si crees que un disparo y una bala sólo lo acciona uno.


II
Los cazadores somos todos
si no salimos al monte a detener los rifles.

Los cazadores somos todos
si nos tumban las noches y la muerte y sólo hemos guardado silencio.

Los cazadores somos todos
si para tu paz, otros deban estar en guerra; si para el sabor de tu boca otros deban morir.

Olvida lo que escuchaste sobre la ley humana,
sobre la cárcel y el Juez.
Este mundo necesita más abogados
en los tribunales abiertos.

Los cazadores somos todos si en este mundo a la liebre amarilla de la inocencia sólo le queda escapar y ocultarse, callar y temer.

Los cazadores somos todos y todas
mientras haya cazadores.

Ángel Padilla

COMUNICADO NAC MANIFESTACIÓN FEBRERO 2.017

Otra vez febrero se teñirá de sangre. Coincidiendo con el fin de la temporada oficial de la caza con galgo, aquellos que dieron lo mejor y ya no valen, o los que nunca ofrecieron la talla esperada, padecerán el destierro, el abandono, la muerte. Otra vez febrero, el tiempo en que ya se perciben los días crecientes, se poblará de olivos siniestros, con siniestras ramas; de cuerpos sin vida por la maldad culpable de psicópatas rurales y por la codicia infinita de mercaderes sin alma. Carreteras asesinas, repletas de los cadáveres de quienes todo lo dieron en la vida. Protectoras desbordadas, padeciendo el acoso de supuestos deportistas adictos al chantaje: “ o te lo quedas o lo mato”, nos dicen con psicopático descaro. Campos colmados de seres vagabundos en cuyos esqueléticos cuerpos se dibuja el hambre. Otra vez en febrero – este año en 25 ciudades – nos concentramos para, casi en silencio, reclamar un grito que escriba basta.

Foto: Jordi González.
Mientras leemos este torpe comunicado, transitarán a nuestro alrededor decenas de humanos. Unos nos increparán afirmando que ya existen bastantes problemas en el mundo para manifestarnos por unos simples perros, como si no conociéramos nada más importante. Nos hablarán del paro, del inaceptable drama de Siria, de niños desnutridos, de un tal Trump o quizá solo en ese momento se acordarán de las víctimas de la violencia machista. En su ignorancia culpable, olvidan que todos esos males obedecen al mismo principio: el de la dominación ejercida por quienes pueden contra aquellos que por indefensión, por instinto natural o por simple ingenuidad bondadosa, carecen de los medios para oponerse. Los animales, tanto las presas como los que alejados de su natural condición depredatoria, son convertidos en verdugos inocentes, están para eso nos dirán. Y a nosotros nos sonará una melodía conocida. La misma que se interpretaba en la Europa de mediados del siglo XX, contra quienes no pertenecían a una supuesta raza superior; idéntica a los ecos de los esclavistas en la América de la libertad; o a la que coreaba la Orquesta Filarmónica Patriarcal frente a las hembras humanas que reclamaban su derecho al sufragio.

Otros, los más cercanos, nos recriminarán que no es suficiente, y cuestionarán que por qué solo no a la caza, y solo a la caza con galgos. Porque por algo se empieza, contestamos. Porque salimos al campo y vemos los perros abandonados, convertidos en residuo de una industria cinegética que primero los consideró materia prima. Porque nos avergüenza que nuestra tierra, a la que queremos como el que más, pero sin tanto aspaviento, siga siendo ejemplo de crueldad. Porque nacimos con el deseo de formar parte de la génesis de un nuevo tiempo en el que el odio se sustituya por el amor, la competencia por la cooperación y el gozo criminal de unos pocos por el sano disfrute colectivo.

Como las viejas películas de haluro de plata, propias de las cámaras fotográficas del pasado siglo, nuestro NO A LA CAZA de este año, aspira a convertirse en un negativo que, al positivarlo, se transforme en un sí a la igualdad entre las especies; en un sí a los derechos de todos los sintientes; en un sí a la solidaridad, al afecto, a la cooperación, a la paz, al respeto, a las tiendas libres de productos obtenidos mediante la cosificación de los otros animales, a los circos con malabaristas, con magos o con payasos, pero sin seres tratados a golpes; en un sí a la tradición sin muerte, a la hermandad, a la justicia, a la naturaleza, al futuro, al aire limpio, a las aguas bravas y a los mares sin plásticos.

Porque creemos que, como reza el eterno lema de las manifestaciones animalistas, un mundo mejor solo resulta posible sin toros en las plazas, sin carne en los mercados y sin cuero en los zapatos, os pedimos que coreéis con nosotros: NO A LA CAZA CON GALGOS, NO A LA CAZA, SÍ A LA VIDA.

Plataforma NAC, 5 de febrero de 2.017.
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