TEXTO LEÍDO POR CHESÚS YUSTE EN MADRID, 4F NO A LA CAZA

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Amigas y amigos, compañeras y compañeros:

El calendario llega a febrero y lo tenemos marcado en rojo, en rojo de sangre y dolor. Febrero supone el final de la temporada de caza y no estamos dispuestos a asistir un año más como espectadores impasibles a la tragedia repetida. Desde hace tiempo la tragedia que sufren galgos, podencos y otras razas, convertidos en perros de caza de usar y tirar, es un motivo de escándalo para la comunidad internacional y debe ser causa de vergüenza para la sociedad española en su conjunto. Decenas de miles de galgos en toda España van a ser ahorcados, arrojados en pozos o abandonados en cunetas como desechos de la caza. Este abandono masivo va a colapsar a las protectoras, que van a recibir estos días miles de galgos asustados, aterrorizados y maltratados, desbordando todos los recursos disponibles. Y toda esa tragedia se repite cada año ante la impunidad de aquellos cazadores que maltratan a sus animales, ante la ignorancia de la sociedad y ante la pasividad de las administraciones públicas. Esto debe cesar.

La violencia que rodea al mundo de la caza no es algo ajeno a los cazadores. Es más, son ellos el origen y el centro de esa violencia. No solo llenan de plomo los campos, contaminado la tierra y el agua, no solo amenazan la paz de los paseantes, no solo destruyen los ecosistemas. Son cazadores los que abandonan a sus perros, aunque luego digan que los aman. Son ellos los que los ahorcan al finalizar la temporada de caza. ¡Vaya muestra de amor! ¿Cuántas denuncias de cazadores denunciando a otros cazadores por abandonar, ahorcar o matar a sus perros se presentan cada año? ¡Ninguna! Entre ellos se tapan. En lugar de proteger a los perros, protegen a los maltratadores. Decir que amas a los animales, que amas la naturaleza y ser cazador es un oxímoron. De los más crueles.

No podemos guardar silencio y esperar que se imponga la razón por sí sola. Por eso estamos aquí. Porque nos sobran las razones, por noveno año consecutivo, el colectivo NAC, No a la Caza con galgos y otras razas, con el apoyo de medio millar de organizaciones animalistas, ha convocado manifestaciones en 31 ciudades españolas. Y ha obtenido el respaldo de manifestaciones en varias ciudades europeas, como París, Dijon, Verona o Colonia.

Queremos despertar la conciencia de nuestra sociedad y movilizarla para exigir el final de esta tragedia repetida. Queremos que los galgos y los podencos dejen de ser perros de caza, para convertirse en perros de casa, animales de familia, tratados con amor y no con esclavitud. Queremos que los poderes públicos adopten las medidas necesarias para erradicar esta barbarie. Ni por tradición ni por deporte, la caza no puede justificar la comisión de delitos. Nadie debe olvidar que el abandono y el maltrato animal son delitos recogidos en el Código Penal, que deben ser perseguidos y erradicados, por muy extendidos que estén en nuestros campos.

A lo largo de todos estos años ningún gobierno ha puesto en marcha ninguna medida de vigilancia y control que pudiera acabar con el maltrato que sufren los galgos y otros perros. Cada día que pasa sin que se atrevan a abordar estas medidas mínimas imprescindibles, nos arman de razones todavía más para seguir los pasos de muchos de nuestros vecinos europeos, que ya han prohibido la caza deportiva: como Alemania en 1952, Bélgica en 1995, Holanda en 1999, Escocia en 2002 o el Reino Unido en 2004. También lo ha hecho nuestra hermana Costa Rica en 2012. Se puede. ¡Claro que se puede!

El Gobierno debe tomar medidas sin más demora. La tragedia de los galgos debe ser Historia. Y cuando llegue ese día, que llegará, será gracias al trabajo de mucha gente en muchos municipios grandes y pequeños, haciendo muchas cosas pequeñas y también grandes, convocando manifestaciones como esta, denunciando los crímenes de la caza, documentándolos en películas, difundiendo los mensajes en las redes sociales, ofreciendo vuestro amor y vuestro hogar a esos perros rescatados... y mil cosas más que hacéis cada una de vosotras. En nombre de esos animales, permitidme que os dé las gracias.

Amigas, amigos: Como decía Víctor Hugo, «no hay nada más poderoso que una idea cuyo tiempo ha llegado». No tengáis ninguna duda. Si el siglo XIX fue el del final de la esclavitud de las personas y el siglo XX, el de la igualdad de la mujer, tengamos la absoluta convicción de que el siglo XXI va a ser el del reconocimiento de los derechos de los animales. En pos de esa meta estamos trabajando. Entre todas y todos, lo conseguiremos.

Muchas gracias.

Chesús Yuste

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